Una propuesta para combatir la corrupción en la academia

Según la Secretaría de la Función Pública (2013), la corrupción es el abuso del poder para el beneficio propio. Hay corrupción a gran escala, menor y política, dependiendo la cantidad de fondos perdidos y el sector en el que se produce. La primera consiste en los actos corruptos que se llevan a cabo en los más altos mandos gubernamentales que alteran las políticas o funciones centrales del Estado, permitiendo a los líderes beneficiarse a expensas del bien común. Los actos de corrupción menores son el abuso cotidiano de poder por los servidores y representantes públicos de medio y bajo rango cuando interactúan con ciudadanos comunes y sacan provecho de las mismas interacciones y servicios públicos. Y la política es la manipulación de las políticas, instituciones y normas de procedimiento al asignar recursos y el financiamiento por parte de los tomadores de decisiones, abusando de su poder para mantener el estatus o patrimonio.

            Dentro del área académica y literaria la corrupción no se da de manera tan aparente como en el ámbito gubernamental, sin embargo, sí cumple los mismos fines: proteger el estatus y el patrimonio. Aunque tal vez quienes se desarrollan en los círculos literarios no tienen el poder para modificar o manipular políticas públicas o cometer fraudes a grandes escalas, tienen el poder de juzgar con favoritismo para otorgar premios y becas, o mover influencias para lo mismo. Editoriales compran múltiples ejemplares de sus publicaciones para obtener estatus de bestseller, amigos se comparten entre ellos los premios y oportunidades año con año para mantener el círculo de prestigio y autores se copian entre ellos para publicar su próxima gran obra

            Lamentablemente estas acciones casi siempre quedan impunes. El compadrismoque se ejerce en los círculos de élite literaria están pensados exclusivamente para beneficiarse entre ellos, y pocas veces alguien rompe el silencio para exponer las fallas éticas y los actos corruptos que suceden a puerta cerrada. Ya que el jueceo del arte en su expresión literaria y los trabajos de investigación suelen ser abstractos y a criterio de quienes se reconocen en el gremio, los procesos de selección para becas y galardones se llevan a cabo a criterio de quienes son seleccionados para elegir a un o una beneficiaria. El aparente secretismo en los procesos de selección y jueceo sólo es un habilitador para que el favoritismo pueda habitar libremente y las influencias puedan ejercer a favor de quien lo desee.

            La mala praxis en el ámbito literario afecta a todos, aunque no sea obvio a primera vista. El mundo de las letras está profundamente conectado al sistema educativo y a la política. El plagio y el favoritismo sólo limitan la conversación y el intercambio de ideas que hacen tanta falta en el ámbito literario. Estas acciones corruptas tienen consecuencias en los estándares que se esperan de todos los mexicanos que no se dedican a la producción de textos. Si estos autores pueden hacerlo, ¿por qué no podría hacerlo un estudiante de preparatoria?

La mala praxis en la academia fomenta a un país que no se anima a aprender, a descubrir, a hablar y cuestionar a través de la herramienta más poderosa que el gobierno nos puede otorgar- la palabra. Si en la academia y la literatura no se procura una ética impecable de trabajo, es imposible esperar que nuestro propio presidente la haya tenido al obtener el título que le permite gobernar a nuestro país, como lo fue con el presidente pasado, Enrique Peña Nieto, y su escándalo de plagio en la tesis Universitaria. Procurar el respeto a la propiedad intelectual y el reconocimiento a quien realmente tiene los méritos académicos estipulados para ganar cierto premio o beca es imperito para garantizar un ejercicio libre de intercambio de ideas, nuevas propuestas de investigación y descubrimientos académicos. Si estas prácticas se normalizan más, el avance del país en materia de investigación y literatura, dos bases importantísimas para la historia y la cultura, corre el riesgo de estancarse.

            Ahora que es evidente que el utilizar influencias a favor propio y que plagiar son actos corruptos, es importante entender de qué maneras y qué métodos se pueden utilizar para combatirlos.  A veces la pereza o la falta de creatividad resulta en copiar el trabajo ajeno y esto se puede dar en cualquier lugar: en el trabajo, en la escuela, en la creación literaria, en talleres, etc. Un gran mecanismo que se ha usado para prevenirlo es el método de SafeAssignment, el cual revisa el texto que se entrega y lo compara con otros en internet para sacar cuál es el porcentaje de parecido con otros en la web. Aunque esto no previene del robo de propiedad intelectual cuando las cosas no están publicadas, y no se puede aplicar a todos, es un gran mecanismo para revisar lo que se recibe. 

            En el caso de la entrega de premios, se pueden hacer conteos y segundas revisiones y tal vez una persona para revisar a quien sea elegido para verificar la imparcialidad en el jueceo y que todo sea de la manera más transparente y veraz posible. 

            En el caso de los stakeholdersdependería de quién otorga, por ejemplo, los fondos para una beca o un premio, a veces puede que los mismosstakeholderssean los que impulsan a que ciertas personas ganen, es por eso que es importante implementar a alguien que observe o supervise todos los procesos cuando involucran recursos económicos o un gran reconocimiento.

            Dentro de esto es importante reforzar la cultura de denuncia. Sería interesante ver cuántas personas denuncian estos actos poco éticos y corruptos si se implementara un tipo de línea o una página de internet donde se pueda ingresar texto y así subir las denuncias de manera anónima con un consejo que dé seguimiento a los casos. Es importante que estos actos no queden impunes porque, además, da el mensaje de que no hay problema si estas fallas suceden. Podría ser que al momento de que la comunidad viera que a las denuncias de estas fallas éticas sí tienen seguimiento, más y más personas se unan a denunciar y alzar la voz sobre las cosas que sepan de otros académicos y literatos y así comenzar a reconocer el trabajo por lo que es y a quien realmente le pertenece.

            En materia de política pública, sería importante reforzar las leyes de propiedad intelectual y procurar una mayor reprensión para quienes lleguen a plagiar o utilizar el poder en beneficio propio. Es importante que la cultura de honestidad e imparcialidad sea más endorsada en el sistema educativo en México, a través, podría ser, de campañas de valores para los niños y que desde la infancia se enseñe que este tipo de comportamientos son poco éticos y corruptos. 

El compadrazgo en la academia

Hay una seguida acusación en el ámbito cultural sobre el reconocimiento y a quiénes se le otorga: ¿para quién son los premios, las becas y las ediciones financiadas por el Estado? Sólo hay una solución: una mayor transparencia en las decisiones que se toman al galardonar a los ganadores. 

La corrupción es una práctica que ha plagado todos los ámbitos y no es exclusiva del robo, soborno, extorsión y fraude por millones de pesos: también hay tráfico de influencias e intercambio de favores. Dentro de estos grises, hay corrupción que no puede castigarse por ley, ya que son prácticas poco éticas y no necesariamente ilegales. 

            En la literatura suele haber una valoración casi sacra de los valores que se practican y promueven: resultaría difícil escuchar de comportamientos imperfectos y no éticos, siendo la cultura un área donde los valores se promueven y el conocimiento salvaguarda la esfera social de quienes la ejercen. Así es como en este ambiente literario, hay destellos, si acaso no escasos, de especulaciones dentro de la producción cultural que tienen que ver con la complacencia intelectual y el interés financiero del valor de dichas producciones. Es aquí donde el tráfico de influencias entra en juego, valorando falsamente el arte y buscando el reconocimiento a través de este valor monetario, la balanza no es justa y la apreciación al texto se convierte en favoritismos.

En la academia, también, hay muchísimos casos de abuso y venalidad, como la compulsión por engordar el currículum y el poco inusual uso del poder burocrático para obtener crédito intelectual. Si bien, en la política convendría anudarse a ciertos literatos por pura adquisición de renombre entre quienes les admiran, a los literatos les interesa empujar su estatus por sus conexiones en la política. No se olvida, además, del uso de estas amistades o relaciones para el acenso u obtención de carreras profesionales y la consecuente yuxtaposición entre lo público, lo privado, lo político y lo artístico. 

 En el 2004, el poeta Manuel Andrade hizo una denuncia a la Función Pública de que su colega, Hugo Gutiérrez Vega, miembro de la SNCA (Sistema Nacional de Creadores de Arte), había votado a favor de darle la beca de esta organización Luis Tovar, el jefe de redacción del área de cultura de La Jornada, dirigido por el mismo Gutiérrez Vega. Se sostuvo que era un acto ilícito porque el becado no tenía los requerimientos suficientes para recibir el apoyo a los creadores ya consolidados (y este tenía apenas un libro publicado) y, además, había una relación laboral directa entre el jurado y el beneficiario. 

Aunque Gutiérrez Vega no quebrantó ninguna regla per se, ya que no había un estándar que prohibiera la relación entre jurado y becado, la decisión era cuestionable, y claramente afectada por “favoritismos” (Espinosa y Solís, 2005). Este no era ni el primero ni el último caso el compadrazgo, tan famoso en México, y el caso funcionó para mejorar y afinar los requisitos mínimos para aspirantes y se pudieron generar las herramientas necesarias para respaldar este tipo de casos, haciendo también, mucho más complicado el tomar este tipo de decisiones conmovidas por las relaciones existentes entre las personas del medio. 

Se convierte en un área bastante gris, para quienes son ignorantes en los estándares ético-morales, el favorecer a un conocido para otorgar una beca o reconocimiento por su labor. Estos casos raramente, además, son reportados porque los círculos de la Academia son estrechos y mantienen bastante bien la fachada de buen comportamiento. 

La toma de decisiones al momento de elegir a los autores para dar representación o endorsar su práctica literaria debe, así, ser cuidadosa, siempre procurando basarse en méritos y en la promoción de la pluralidad. Las formas más incluyentes de llevar esta práctica de jueceo de la manera más ética sería tener maneras muy puntuales de medición. Dado que la percepción de la buena literatura es sumamente abstracta, se pueden implementar ciertos estándares para seleccionar a quienes reciben los galardones. Es así como deben buscarse a autores que cumplan criterios mínimos de obra, reconocimiento y prestigio entre algunos críticos. El hecho de que estas convocatorias se procuren abiertas, además, asegura el acceso a un mayor número de autores y no sólo a quienes son privilegiados de conocer al cuerpo encargado del jueceo de dichas obras, haciendo la praxis mucho más diversa, honesta y ética. 

Breve opinión sobre la corrupción

La literatura es históricamente conocida como algo exclusivo de la élite. Claro: viene de una tradición de oralidad y eso era inherente a las masas, sin embargo, la literatura crece a ser pasatiempo de las personas que no tienen que preocuparse de trabajar de sol a sol en el campo. De quienes tienen los privilegios para leer. En el último siglo, con el aumento de alfabetización y la popularización de la literatura por entregas, ha sido un arte que puede ser disfrutado por quien sea que pueda leer. A través de ella es posible retratar realidades, ideales, cuestionar, manifestarse, como grandes autores lo han hecho y, también, convoca a unirse a la conversación, como varios autores que comparten sus conocimientos también lo intentan. Así se convierte en una cuestión de liberar y educar a la mente, de crear conexiones con los personajes, de pensar distinto y, si la novela es lo suficientemente buena, de hacer algo para cambiar nuestra realidad.

Lamentablemente, no todos los autores tienen la integridad de ser originales en la creación de sus obras, porque su necesidad de reconocimiento es mayor a su necesidad de creación de arte honesto y libre. El plagio y el favoritismo sólo limitan la conversación y el intercambio de ideas que hacen tanta falta en el ámbito literario. Estas acciones corruptas tienen consecuencias en los estándares que se esperan de todos los mexicanos que no se dedican a la producción de textos. Si estos autores pueden hacerlo, ¿por qué no podría hacerlo un estudiante de preparatoria?La mala praxis en la academia fomenta a un país que no se anima a aprender, a descubrir, a hablar y cuestionar a través de la herramienta más poderosa que el gobierno nos puede otorgar- la palabra. Si en la academia y la literatura no se procura una ética impecable de trabajo, es imposible esperar que nuestro propio presidente la haya tenido al obtener el título que le permite gobernar a nuestro país, como sucedió en la tesis de nuestro presidente.

Sobre Alatriste y Bryce

Muy seguido se celebran los logros de las personas que frecuentan y se desarrollan en el ámbito cultural. Sean los Oscar, los Golden Globes, el premio Nobel para la literatura, hay un procedimiento específico a seguir para elegir a quien se postula y para juecear a quien lo obtiene. Son una forma de darle valor a la producción artística, y en la literatura es un instrumento claro para aumentar el estatus de la producción del arte escrito y ciertos autores. 

            Es poco sorprendente, así, que existan casos de la glorificación de estos rituales para galardonar el arte y quienes lo producen, y cientos de autores desfilan y posan en estos eventos a quienes sólo se reconoce a la crème de la crème, a la élite intelectual contemporánea. Junto con los homenajes, los premios son una herramienta para promover las obras literarias, es mucho más sencillo glamourizarel medio literario que formar la cultura de la lectura de literatura en millones de habitantes, ya que ofrece visibilidad instantánea y atractivo a las historias y la “acción” en el ámbito literario.

            Sin embargo, los premios no son exentos de ser publicidad engañosa. Ha habido casos en los que las editoriales invierten en comprarse sus propias publicaciones para que un autor de su casa editorial tenga el renombre por best seller, y así obtener prestigio. Otras editoriales no apoyan a la diversidad de propuestas literarias y el gremio se ve afectado por una limitación de selecciones de obras demasiado idénticas. Este tipo de prácticas desprestigian los premios y los llevan a ser sujetos a debate. 

            En el 2012, estos debates sobre el valor fidedigno de los premios alcanzaron un boomcuando Sealtiel Alatriste y Alfredo Bryce Echenique ganaron los premios Villaurrutia y FIL de Literatura en Lenguas Romances, respectivamente. Estos premios son extremadamente prestigiosos y estaban siendo otorgados a autores que, al ojo público, no cumplían con los requerimientos. Por un lado, Alatriste tenía mayor renombre por su trabajo de funcionario y editor que por su muy superficial obra literaria y Bryce se había visto ya envuelto en varios escándalos, causándole desprestigio. Ambos autores habían sido ya señalados por plagio más de una vez, y, después de la presión social ejercida sobre ambos, Alatriste, después de tomar un tinte “con visos de parodia, al defenderse diciendo que él sólo reprodujo la anécdota que otro escritor mexicano le había contado” (Maristain, 2015) renunció a su reconocimiento. El otro autor, Bryce, se abstuvo y llegó a causar revuelo entre quienes estaban vivamente en contra del plagio y quienes lo veían como una ofensa menor. 

El conflicto terminó con el premio siendo entregado a escondidas en la casa de Bryce. Estas faltas a la ética suponen un ambiente mucho más turbio de lo que se podría esperar de prácticas que no son necesariamente ilegales, pero sí poco éticas y tienen un efecto en la comunidad que sigue la literatura y la comunidad académica, desprestigiado y quitándole credibilidad a lo que se produce y se premia año con año. 

Esto es un claro ejemplo que lo importante que es evitar la impunidad ante “crímenes académicos”. La infiltración de estas prácticas en los círculos más altos de la élite literaria habla, también, sobre la ética de trabajo de México. No olvidando, claro, el claro ejemplo del plagio que hubo en la tesis del expresidente Peña Nieto, a quien tampoco se le sancionó. 

Es claro que la transparencia y los mecanismos que la garantizan deben de consolidarse de una manera que pueda garantizarse desde el inicio hasta el final del proceso de nominación y premiación. La falta de confianza a los premios es fatal para la función promotora que le da a la literatura. Muestra un ejemplo de mal praxis en la academia y desalienta a quienes no se involucran en la producción literaria a involucrarse más. Sería importante darle publicidad a lo que se hace en todas las fases de cada premio: desde el número de trabajos que se ingresan al proceso, la identidad de las personas que eligen a quienes pasan a la siguiente ronda de selección, las actas que tengan la decisión y se explique por qué de manera amplia y específica, y una videograbación de cuando se elige a quién se le otorgan los premios. Sólo así sería posible asegurarse de que no haya influencias o favoritismo, o incluso conflicto de intereses al momento de juecear los trabajos literarios y, así, poder crear una buena praxis en el ambiente académico y fijar los valores que tanto se difunden y se buscan proyectar desde los círculos de la élite literaria y de la academia e investigación hacia la población en general.

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar