Sobre Alatriste y Bryce

Muy seguido se celebran los logros de las personas que frecuentan y se desarrollan en el ámbito cultural. Sean los Oscar, los Golden Globes, el premio Nobel para la literatura, hay un procedimiento específico a seguir para elegir a quien se postula y para juecear a quien lo obtiene. Son una forma de darle valor a la producción artística, y en la literatura es un instrumento claro para aumentar el estatus de la producción del arte escrito y ciertos autores. 

            Es poco sorprendente, así, que existan casos de la glorificación de estos rituales para galardonar el arte y quienes lo producen, y cientos de autores desfilan y posan en estos eventos a quienes sólo se reconoce a la crème de la crème, a la élite intelectual contemporánea. Junto con los homenajes, los premios son una herramienta para promover las obras literarias, es mucho más sencillo glamourizarel medio literario que formar la cultura de la lectura de literatura en millones de habitantes, ya que ofrece visibilidad instantánea y atractivo a las historias y la “acción” en el ámbito literario.

            Sin embargo, los premios no son exentos de ser publicidad engañosa. Ha habido casos en los que las editoriales invierten en comprarse sus propias publicaciones para que un autor de su casa editorial tenga el renombre por best seller, y así obtener prestigio. Otras editoriales no apoyan a la diversidad de propuestas literarias y el gremio se ve afectado por una limitación de selecciones de obras demasiado idénticas. Este tipo de prácticas desprestigian los premios y los llevan a ser sujetos a debate. 

            En el 2012, estos debates sobre el valor fidedigno de los premios alcanzaron un boomcuando Sealtiel Alatriste y Alfredo Bryce Echenique ganaron los premios Villaurrutia y FIL de Literatura en Lenguas Romances, respectivamente. Estos premios son extremadamente prestigiosos y estaban siendo otorgados a autores que, al ojo público, no cumplían con los requerimientos. Por un lado, Alatriste tenía mayor renombre por su trabajo de funcionario y editor que por su muy superficial obra literaria y Bryce se había visto ya envuelto en varios escándalos, causándole desprestigio. Ambos autores habían sido ya señalados por plagio más de una vez, y, después de la presión social ejercida sobre ambos, Alatriste, después de tomar un tinte “con visos de parodia, al defenderse diciendo que él sólo reprodujo la anécdota que otro escritor mexicano le había contado” (Maristain, 2015) renunció a su reconocimiento. El otro autor, Bryce, se abstuvo y llegó a causar revuelo entre quienes estaban vivamente en contra del plagio y quienes lo veían como una ofensa menor. 

El conflicto terminó con el premio siendo entregado a escondidas en la casa de Bryce. Estas faltas a la ética suponen un ambiente mucho más turbio de lo que se podría esperar de prácticas que no son necesariamente ilegales, pero sí poco éticas y tienen un efecto en la comunidad que sigue la literatura y la comunidad académica, desprestigiado y quitándole credibilidad a lo que se produce y se premia año con año. 

Esto es un claro ejemplo que lo importante que es evitar la impunidad ante “crímenes académicos”. La infiltración de estas prácticas en los círculos más altos de la élite literaria habla, también, sobre la ética de trabajo de México. No olvidando, claro, el claro ejemplo del plagio que hubo en la tesis del expresidente Peña Nieto, a quien tampoco se le sancionó. 

Es claro que la transparencia y los mecanismos que la garantizan deben de consolidarse de una manera que pueda garantizarse desde el inicio hasta el final del proceso de nominación y premiación. La falta de confianza a los premios es fatal para la función promotora que le da a la literatura. Muestra un ejemplo de mal praxis en la academia y desalienta a quienes no se involucran en la producción literaria a involucrarse más. Sería importante darle publicidad a lo que se hace en todas las fases de cada premio: desde el número de trabajos que se ingresan al proceso, la identidad de las personas que eligen a quienes pasan a la siguiente ronda de selección, las actas que tengan la decisión y se explique por qué de manera amplia y específica, y una videograbación de cuando se elige a quién se le otorgan los premios. Sólo así sería posible asegurarse de que no haya influencias o favoritismo, o incluso conflicto de intereses al momento de juecear los trabajos literarios y, así, poder crear una buena praxis en el ambiente académico y fijar los valores que tanto se difunden y se buscan proyectar desde los círculos de la élite literaria y de la academia e investigación hacia la población en general.

Publicado por MJ

Algunas propuestas e información sobre la corrupción en la literatura y la academia.

Deja un comentario

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar